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El Abstencionismo: Punto de Partida a Derrotar

Por: Fulton Púa:. Vocero UNÌOS Nacional – Lic. Ciencias Sociales
I
Más allá de las estadísticas publicadas por la Redacción Política del periódico El Espectador, el 11 de marzo de 2018, y titulado “El Abstencionismo Derrotó a todos los Partidos Políticos, nos permitimos tomar algunos elementos que aporten a una deliberación política analítica, y no a un subjetivismo inducido que aplican algunos medios de comunicación masivo en Colombia; elementos éstos interpretativos que hoy nace en referencia al artículo en mención, y el cual adjunto a final del presente texto, pero que se extiende desde la óptica sociológica sobre lo que podría ser el Abstencionismo en Colombia.
En primer lugar, consideramos que la afirmación conceptual del título de prensa, no es real o cierta, por cuanto el abstencionismo es un factor condicionante y relativo a la sociedad misma, y no un elemento que suscita, surja o afecte a los partidos políticos; diríamos incluso, que el abstencionismo como producto final de la no actuación o no participación de la sociedad, naturaliza y legítima aún más la vigencia, el derecho y la participación de los partidos políticos, antes que un elemento de ruptura o distorsión en su interior. Es decir, antes de “derrotar a los partidos”, por el contrario, el abstencionismo da vida, convalida y beneficia a éstos últimos. Por lo tanto, no hay, ni hubo para los partidos tal derrota, es la sociedad misma, diríamos, la que termina derrotada.
Sin embargo, y en razón a la deliberación, es posible que el artículo infiera que el abstencionismo afectó la mayor firma de tarjetones, la proliferación compleja de números, nombres de logos y disimiles proclamas, polarización intencional en los debates por un sector, y un largo etc., extendidas por todo el territorio nacional, lo que conllevó a perjudicar la aspiración a Senado de la República y Cámara de Representantes de los partidos políticos, y dicho sea de paso, cuyos candidatos se presume debieron informar a electores potenciales qué propósitos de iniciativas, leyes y actos, tenían o tuvieron para aspirar o continuar ser elegidos o reelegidos al órgano de control legislativo o Congreso de la República. Y es, en ese sentido, no vemos que el abstencionismo llegare a justificar una debacle en el ejercicio y militancia de los partidos o movimientos políticos.
Sólo a vía de ejemplos, citemos casos como “Opción Ciudadana”, “Colombia Justa Libres”, “Somos”, “Unión Con Fortaleza”, “TSC” y “Si Se Puede”; los cuales, como partidos o movimientos significativos de ciudadanos, hasta el momento no alcanzaron curul alguna; pero, aún éstos, si incidieron y participaron de manera activa y pública, ejerciendo su derecho a la participación política y al voto, claro en la medida de su propia capacidad y condiciones. Situación ésta que demuestra, por el contrario, que es la sociedad civil misma reflejada en el abstencionismo, quien, en últimas, no ejerce, ni ejerció o salió a definir su propio derecho y deber ciudadano de manera libre y autónoma. Siendo lo grave en ella, que ésta representa una mayoría absoluta, es decir, 20 millones aproximados de ciudadan@s actos para votar, dejaron de hacerlo, cuando estos representan más que el conjunto total de los participantes políticos, en esta última contienda electoral, del 11 de marzo de 2018. Cifra que acumula un alarmante 60% de personas que integran el Abstencionismo en Colombia, y que terminan afectando sólo a la sociedad en sí, y que merma la capacidad reflexiva y activa para la definición en sus ideales de transformación de la Nación colombiana.
En segundo lugar, creemos que el título de prensa no ayuda como otros tantos a bajar el abstencionismo, ya que más inducen al lector en creer que el ejercicio del derecho fundamental a decidir o ejercer el derecho libre, civil y soberano al voto, es equiparable o reemplazable, según el criterio de difusión o desinformación, que el abstencionismo tiene el mismo nivel de valoración o calidad que el derecho individual cuando se ejerce, por ejemplo, ir a votar en blanco; por lo tanto, es igual que el ciudadano se abstenga de participar o ejercer el derecho de ir a votar, ya que según esa falsa equivalencia pretendida se antepone el abstencionismo como una fórmula de funcionalidad social y fáctica, en el qué su resultado o “castigo”, es una gran decisión colectiva tomada, y por quienes se negaron ensimismo ejercer su propio derecho; es decir, se induce a creer que la no participación ciudadana llega afectar o limitar de manera “inconmensurable” la búsqueda del poder en los partidos políticos.
Diríamos, que es otro “falso positivo”, en esta ocasión, inducida por los medios de comunicación masivos, mintiendo e induciendo a la sociedad, cuando lo único cierto, es que, el abstencionismo es un instrumento cómplice que induce y sublimiza la intención de un “status quo” o de inmovilidad, por parte de la sociedad, y que deja a toda la Nación, cediendo su espacio de participación y poder decisorio, a unos corpúsculos organizados en partidos políticos y en cuyo seno terminan aceptando, por cuenta de la apatía de los demás: la vida y el destino nacional.
Otra forma de ver el abstencionismo quizás, y que someramente menciona el artículo de prensa, más allá de la simple estadística, tiene que ver con el rol y aptitud de los indignados o sector de la población, creo, mayoritaria e inconforme, (nota que el artículo en sí no aclara). En ese sentido, enunciemos algunas causas del actuar o mejor del desactuar de los supuestos indignados que conduce al abstencionismo en Colombia; un primer caso, podría ser la existencia de un desconocimiento ciudadano en la importancia del voto libre, su impacto y resultado en masa o en cadena; en segundo caso, la auto-negación o la subvaloración individual del derecho civil al momento de decidir ir a votar, elegir y hacer valer su patriotismo; y un posible, tercer caso, la indecisión de no salir un domingo precisamente a votar, encontrando múltiples motivos o excusas exógenas, y dando relevancia sólo al “egoísmo” o condición humana del capitalismo estatista, por encima a querer comprender el acto y compromiso de tod@s a ejercer su derecho civil o de ciudadanía en Colombia, es un valor de masa inmenso.
En tercer lugar, resaltemos con énfasis que el abstencionismo entonces por ser evidentemente un elemento social, y no directo de la política, éste no existe de modo alguno al interior de los partidos políticos; éstos, por el contrario, además que le facilitan los cálculos, concurren y practican su derecho fundamental con un deber inusitado de interés propio, en su manera de interpretar lo colectivo o general, ejercen su derecho a la democracia y practican su participación política. Ahora bien, al final, alcanzan su gran éxito y ganancia, entre otros factores, cuando el aguijoncillo de la derrota se lo dejan per se a la sociedad civil en su forma o resultado de abstención o de abstencionismo.
Al respecto, reconocemos que ellos entienden y muy bien, el valor del derecho a elegir o ser elegidos, tanto que invierten inmensas sumas al logro de tal fin para votar y ganar; en este punto, no debemos deslindar el abstencionismo al tema frecuente de la corrupción; sin embargo, advertimos, que hace más daño que bien, el hecho de abstenerse de ejercer el derecho fundamental al voto por el ciudadano común y libre, y quien termina convirtiéndose en pieza clave de la colectividad potencial y posiblemente transformadora de otra realidad de País, que el mismo hecho de la corrupción. Esa dejación civil, más pronto que tarde, cae y se convierte ya no en un abstencionismo pasivo, sino activo, dejando en manos de terceros el control y desarrollo de los intereses y bienes propios de la Nación. En ese contexto, se deja el fin del estado en potestad y cabeza de personajes como la difundida novela en “cuerpo ajeno”.
Por ello, reafirmamos que la democracia en Colombia, está deslegitimada no sólo por la usurpación de los poderes a cargo de los partidos políticos o al mal logro de los gobiernos de turno, u otra clase de desviación como es el grave tema de la corrupción; y dicho sea, de paso, la misma que se deja de combatir en su momento adecuado y oportuno; sino que la democracia no ejerce su valor primordial, precisamente, el de su principio democrático, y que sólo se expresa en su ingenua ineptitud civil bajo el papel del abstencionismo. La democracia y diríamos la sociedad, lleva al final la propia espada de Damocles sobre la cabeza de su propio devenir y poder, cuando la misma como sujeto activo, social y político, se lo niega.
II
Ahora transcurridas las elecciones legislativas y consultas de precandidaturas a la Presidencia de la República, el panorama está más despejado para concluir que la tendencia en la sociedad, es y será la participación masiva de la población colombiana apta para votar, y nos referimos por supuesto a ese abstencionista de ayer, por lo cual en fe de lo público, creemos que la sociedad hoy representada en el abstencionismo, tendrá la segunda oportunidad de intervención histórica y Reivindicarse, para elegir de manera soberana, libre y secreta, la mejor opción a la Presidencia de la Republica de Colombia.
En ese marco, y de acuerdo al análisis planteado, deviene un interrogante: ¿se derrota, o mejor, se disminuye de manera ostensible el abstencionismo en Colombia? Será esto posible, cuando en realidad el abstencionismo no es un fenómeno casual ni de sorpresa, sólo un precedente social y cuántico, lamentable, más de 19 millones de conciudadan@s sin acudir a depositar su derecho al voto de manera autónoma y libre, cuando ellos podrían definir ese todo, en especial conociendo que, en Colombia, la ejecución de la política pública, tiende a un régimen altamente concentrado presidencialista.
Diríamos en razón positiva, que el abstencionismo como parte silenciosa de la inconformidad social, tendrá como premisa un compromiso y deuda de voluntad con la participación civil, individual y activa, por una sociedad libre – pensante que ejercerá su derecho fundamental al salir a votar, y votar con dignidad, con interés patrio e independencia, por los altos propósitos de la Nación, que necesita, urge y requiere transformarse en sí misma.
La sociedad activa debe responder, bajo reflejo de la realidad histórica y el contexto del País, en temas profundamente no solucionados, sin volver atrás, en su rol por una convivencia pacífica, el desarrollo de la sociedad y la inclusión social en pro de un amplio espectro de la población colombiana, y ni ceder un paso ante el juego de trampas de los corpúsculos políticos que hacen de los comicios su agosto en marzo, en los territorios, y su negocio en mayo a nivel nacional; contrariando los prístinos y magnos principios constitucionales y el desarrollo real del Estado Social de derechos en Colombia. La tarea está y su definición en la participación política de esa sociedad que estuvo militando en un abstencionismo incongruente con la realidad histórica del País.  Tarea difícil de emprender a corto o mediano plazo, pero no imposible, si hay una certeza relativa ante lo escrito, tratemos de no claudicar en dar respuestas o salidas aproximadas a dichos interrogantes, teniendo en cuenta algunas premisas comentadas en el presente texto.
Lo primero, es que la sociedad del abstencionismo: auto–reflexione en la realidad cruda del País; lo segundo, es deber de participantes alternos y activos llegar a ese sector de la población en las distintas formas y modos, presentándoles las opciones por quienes han abogado siempre por una transformación social y política de una Nación incluyente y necesitada. No hay ni debe haber vuelta atrás, no se puede esperar que la gobernabilidad de turno incentive la disminución en la no participación ciudadana, y menos aún, que los partidos triunfalistas ya lo hagan. Indudablemente la terea recae en gran medida sobre los hombros de una sociedad popular y de líderes de masa y de plaza pública, empoderados por una Colombia nueva.
III
En ese orden, el primer punto, a responder con franqueza y justa reflexión, es si, por ejemplo: ¿Tú votas? Porque yo sí voto; ¿pero nuestros familiares, amigos, vecinos y compañeros votan?: Es posible que no. Mi voto puede abrigar la esperanza del libre albedrío para un mejor mañana colectivo, o el mismo sólo dependa del triunfo que se refleje mañana en la suma a disminuir el 53% o 60% del abstencionismo de una capa social soberana, potencialmente apta para votar…? Esas y muchas preguntas podrían surgir.
Como segundo punto sociológico, y subsecuente al primero, el abstencionismo deberá identificar claramente sus raíces o causas, qué y cuál sus razones ciudadanas, sociales y políticas en contienda que se pretende reafirmar o retroceder en una tendencia mayor por la exclusión a grandes comunidades generalmente marginadas, o por el contrario, un tercer punto, que exprese o identifique con franqueza cuál la clase de sociedad colombiana sin abstencionismo que nos represente defender y desde esa óptica determinar si nuestro rol es congruente por una inclusión social de País.
Por ello, insistimos que no es válido o justificable por ningún motivo continuar inculpando por ejemplo a la maquinaria electoral del gobierno o la infiltración de la corrupción, o las maniobras en la Registraduría, o la capacidad de la influencia en las alianzas de algunos partidos políticos y sus instrumentos; cuando el poder real y decisorio mayor está, y reside, en el abstencionismo a disminuir ostensiblemente. Dejar de ser indiferente y decidir de manera activa como parte del constituyente primario, que esos 19 millones y más de ciudadan@s colombian@s, salgan de manera voluntaria y consciente, una hora del domingo 27 de mayo a votar, y no posterguen la suma total y toma de sus decisiones en favor de esas mayorías que son ellas mismas, y que somos nosotros como Nación libre.
El llamado es a marcar un hito en la historia democrática y participativa de nuestro pueblo y nuestros País, en donde germine la semilla para las presentes y nuevas generaciones colombianas, e inclusive para el mundo actual.
¿Es posible, entonces, decodificar y caracterizar esa base social del abstencionismo en Colombia, representados en más de 19 millones de habitantes ciudadan@s?
Diríamos a nuestro juicio, que sí, y lo primero a expresar desde el punto de vista sociológico, es que ese amplio sector mayoritario y potencialmente aptos para votar, no se deje ni se dejarán estigmatizar o encausar dentro de la leyendaria treta útil y maquiavélica de “divide y reinarás”, y sobre esa misma base pretender polarizar desde el punto de vista ideológico, imponer o hacer creer al País, un distractor en la no solución de las profundas desigualdades sociales en Colombia, reconocidas a nivel mundial, pero confundidas en el país, en la diferenciación de clases sociales, lo cual en el fondo, no es más que un muy bajo nivel de vida y pobreza en grandes capas de la sociedad en Colombia: niños y adolescentes, adulto mayor, agricultores sin tierra, trabajadores mal asalariados, mujeres y madres cabeza de hogar con una muy poca expectativa de progreso, nulo opción de empleo y trabajo, seguridad en salud pública marginada, desmejora en el sistema y nivel educativo en Colombia, propuestas de desequilibrio al peso y contra pesos de la justicia, lo judicial y debilitamiento en la función constitucional del control, y un largo etc.
En fin, la certeza y decisión política y ciudadana está en la firmeza de carácter en los programas de gobierno, para afrontar con políticas públicas serias las reformas de fondo que el siglo XXI, nos exige.

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